tratamiento

 

Hay una gran variedad de formas o tendencias para tratar el autismo, pero hay un fuerte movimiento que se enfoca en utilizar métodos conductuales. Lawton y Wilson (2005), afirman que el autismo sólo puede ser diagnosticado a través del estudio del comportamiento de los niños, ya que a la fecha no existe ninguna prueba bioquimica o test genético que permita determinarlo. Greenspan, (2006) también comparte esta visión y asegura que un estudio conductista es el método que se debe seguir.

La fortaleza que han encontrado quienes siguen esta tendencia se encuentra en la dificultad de los autistas para comunicarse con otros, sin embargo el trabajo se vuelve más complicado al ver que cada niño se comporta de manera diferente.

 

Mientras hay niños que tienen muy buena memoria en la parte auditiva, hay otros que jamás recuerdan aigo que se les dijo. Ante esta situación nuevamente refuerza la idea de que el autismo es distinto en cada uno de los niños y que el comportamiento de éstos por tanto será diferente y no puede ser catalogado como uno más. Dicho de otra forma, lo que éste epidemiólogo quiere decir es que no se puede considerar a una persona con autismo como una persona más con viruela, pues el autismo es distinto en cada una de las personas, a diferencia de la viruela.

Otro tipo de tratamiento común en las personas autistas es el uso de medicamentos. Con frecuencia se tiende a recetar antidepresivos con el fin de controlar la ansiedad, la depresión o incluso algún trastorno obsesivo-compulsivo. Otros de los medicamentos frecuentemente utilizados son los antipsicóticos, utilizados cuando se existen serios problemas conductuales. En otros casos se utilizan estimulantes, pero ninguno de todo estos medicamentos curan, únicamente ayudan a controlar al autista.

La dificultad de mantener contdo visual con los niños es uno de los síntomas más frecuentes en niños que padecen de esta condición.

 

 

 

Aún y cuando no existe un medicamento que o cure, tratar a una persona con capacidades diferentes es todo un reto.

 

Por Ricardo Vargas